Una intoxicación alimentaria ocurre cuando una persona consume un producto, ya sea un alimento o agua, que contiene bacterias, parásitos, virus o las toxinas producidos por estos microorganismos. Los microbios más frecuentes que pueden contaminar la comida y, por tanto, estar detrás de los alimentos en mal estado, pertenecen a especies como Escherichia coli, Salmonella, Shigella o Campylobacter, entre otras. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, los síntomas más habituales relacionados con las intoxicaciones alimentarias son náuseas, vómitos, diarrea, fiebre o dolor de cabeza.

La mayor parte de trastornos

alimenticios de este tipo desaparecen en un par de días; no obstante, es importante que los afectados descansen lo suficiente y controlen problemas como las náuseas, las diarreas y los vómitos para frenar la deshidratación del organismo. Ante la cercanía de las fiestas navideñas, donde celebramos festejos multitudinarios y el riesgo de intoxicación aumenta, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición ofrece unas pautas para prevenir el consumo de alimentos en mal estado, un problema que afecta a más de 40.000 personas en toda Europa anualmente, con más de 3.300 hospitalizaciones y 20 fallecimientos al año.

Mantener la higiene a la hora de cocinar

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Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos quince segundos, sin necesidad de geles desinfectantes, es el método más eficaz para disminuir al máximo la cantidad de microorganismos que presentan y que, por ende, pueden llegar a contaminar los alimentos. Los expertos aconsejan también extremar la higiene en los espacios donde cocinemos, preparemos y conservemos la comida; tapar los cubos de basura; mantener alejados los productos de limpieza de los alimentos y guardar en un lugar con buena ventilación, fresco y alejado de la luz solar aquella comida que no necesite ser refrigerada.

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Preparar la cantidad justa de comida

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La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición aconseja cocinar los alimentos en las cantidades que podamos consumir y/o refrigerar. Las sobras de comida, en todo caso, no deben guardarse más allá de las 48-72 horas ni tampoco pueden ser recalentadas más de una vez, para evitar la aparición de posibles patógenos que pudieran provocar una intoxicación alimentaria.

Ojo con los mariscos y pescados

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En el caso de que no vayamos a consumir de forma inmediata alimentos como el marisco o los pescados, así como productos de alto riesgo, tales como carnes, huevos y productos lácteos, los expertos recomiendan limitar en lo posible su ingesta. No obstante, según recuerda la Food and Drug Administration de Estados Unidos, las embarazadas sí pueden comer pescados y mariscos durante el embarazo, siempre que no estén crudos o bien cocinados. Este tipo de alimentos son una buena fuente de proteínas y otros nutrientes importantes.

Intentar preparar los alimentos en el momento

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“Haciéndolo con bastante antelación nos arriesgamos a no conservarlos después de forma correcta y a sobrepasar el tiempo adecuado para prevenir el riesgo de la proliferación de microorganismos”, sostienen desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición. Aunque sí es posible preparar comida y guardarla posteriormente, este consejo nos ayuda en todo caso a reducir los riesgos de contaminación microbiana.

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Evitar la contaminación cruzada

ciencia en 2016

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La contaminación cruzada es un proceso que sucede al manipular los alimentos durante su preparación, mediante el que la comida entra en contacto con sustancias ajenas, ya sean patógenos o sus toxinas, nocivas para la salud. Según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, durante las fiestas navideñas elaboramos platos muy diversos, lo que muchas veces implica que se empleen utensilios que se usan indistintamente para cortar alimentos cocinados o crudos, lo que aumenta el riesgo de contaminar dichos productos.

Conservar los alimentos a temperaturas seguras

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Los microorganismos se multiplican rápidamente en una franja de temperatura que va desde los 4 hasta los 65ºC. Por debajo de los 4ºC, los microbios siguen vivos pero no se multiplican; por encima de los 65ºC, la gran mayoría están muertos. Esta es la razón por la que si sacamos un alimento de la nevera, a medida que aumente la temperatura, se incrementará el número de gérmenes. Por otro lado, los expertos aconsejan descongelar la comida en la nevera o en algún lugar fresco, con el fin de reducir la posibilidad de que los microbios se multipliquen.

Congelar el pescado

pescado

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La congelación del pescado debe hacerse durante al menos 72 horas a -20ºC, con el objetivo de disminuir las probabilidades de que los microorganismos se desarrollen y de impedir el deterioro de los alimentos. Los especialistas recomiendan además, si es posible, la ultracongelación, para reducir la persistencia del famoso parásito anisakis.

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Cocinar los alimentos a más de 65ºC

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La disminución de las posibilidades de desarrollo de patógenos es, de nuevo, la razón por la que debemos evitar el consumo de alimentos crudos. Cocinar los alimentos a más de 65ºC como mínimo durante dos minutos ayudará a eliminar los gérmenes, una temperatura que se alcanza con la mayoría de métodos de cocción.

Lavar bien la fruta y la verdura

cerezas

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“Se deben lavar muy bien antes de pelarlas, cortarlas, comerlas o cocinarlas. El lavado reduce las bacterias que pueden estar presentes en los productos frescos, es la mejor manera de reducir los riesgos de enfermedades transmitidas por estos alimentos”, explican los investigadores, que resaltan la importancia de la higiene para prevenir la intoxicación alimentaria.

Extremar las precauciones con las conservas

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El botulismo es una enfermedad que puede aparecer por el consumo de alimentos enlatados, conservados o fermentados en mal estado, en los que se desarrolla la bacteria Clostridium botulinum, que produce la toxina botulínica, una de las sustancias más mortales que se conocen. Para esquivar esta infección, los especialistas recomiendan evitar las latas que tengan golpes, estén abombadas, desprendan gas al abrirse o presenten zonas oxidadas, signos que pueden relacionarse con la aparición del microorganismo causante de esta patología.